A medida que el perfeccionismo se afianza en nuestras vidas, puede tener consecuencias emocionales y físicas, como el estrés. En el ámbito laboral, por ejemplo, el perfeccionismo puede llevarnos a trabajar en horarios excesivamente extensos, revisar en exceso, sacrificar tiempo libre y descanso.. en pos de alcanzar estándares casi imposibles. Este exceso de trabajo y la falta de tiempo de recuperación pueden provocar un aumento de estrés, y de cortisol, en nuestro organismo lo que a largo plazo afecta negativamente a nuestra salud mental y física.
Además, el perfeccionismo está relacionado con la depresión, Los estándares autoimpuestos son, a menudo, inalcanzables y esto genera insatisfacción y sentimientos de insuficiencia. El perfeccionismo promueve patrones de pensamiento rígidos, en los que se ve el mundo en términos de blanco o negro, sin aceptar puntos intermedios. El miedo a cometer errores también es un factor clave que alimenta la depresión, ya que cualquier imperfección es vista y exagerada en nuestra mente como un fracaso; pudiendo además tener la tendencia a fijarnos en el detalle negativo en lugar de en todo lo positivo. Numerosos estudios han encontrado esta relación entre perfeccionismo y depresión, como los de Hewitt y Flett (1991b,1993).
Otra trampa del perfeccionismo es su impacto en la toma de decisiones. Al buscar siempre la decisión “perfecta”, podemos quedarnos bloqueados, incapaces de actuar por miedo a las consecuencias o debido a que magnificamos los contras. Este perfeccionismo, que exige control absoluto, nos hace dudar constantemente y, en muchos casos, posponer decisiones importantes.
De manera similar, el perfeccionismo también está relacionado con la procrastinación. Como tememos no hacer las cosas a la perfección, preferimos posponerlas para evitar enfrentarnos al miedo de un resultado imperfecto. En lugar de avanzar, dejamos tareas pendientes, lo que a su vez incrementa nuestra ansiedad y sensación de fracaso.
Por otro lado, el perfeccionismo no solo afecta a nuestro bienestar personal, sino que también genera dificultades en las relaciones con los demás. Al tener estándares demasiado altos para nosotros mismo, es común que proyectemos esas expectativas sobre las personas que nos rodean. Esto puede hacer que tengamos exigencias poco realistas hacia los demás, lo que genera tensiones en nuestras relaciones. Nos cuesta aceptar que otras personas cometan errores o no cumplan con nuestras expectativas. Esta falta de tolerancia puede hacer que nos volvamos críticos o rígidos, dificultando la comprensión y el perdón en las interacciones. La conexión, tan necesaria para generar un vínculo con el otro, se ve dificultada bajo estas circunstancias.
La lucha por la excelencia es saludable y tiene un motor interno: nuestros objetivos alcanzables, que cuando conseguimos nos hacen sentir tan bien, promueven nuestro desarrollo personal. Sin embargo, el perfeccionismo tiene un foco externo que tiene que ver con evitar la vergüenza o el sentirme vulnerable, aquí la preocupación está en lo que pueda pensar la gente de mí, ser criticado, está más relacionado con recibir aprobación por parte de los demás.
El perfeccionismo tiene un funcionamiento adictivo, entramos en un círculo vicioso del que nos cuesta salir. Por un lado el entorno lo refuerza, e incluso en determinados contextos nuestros comportamientos perfeccionistas interesan (por ejemplo: cuando nos venden productos de “belleza”, cuando nos piden que dediquemos muchas horas a un proyecto, etc.), y por otro se mantiene al huir constantemente de la posibilidad de cometer un error o del sentirnos vulnerables o avergonzados.
CLAVES:
- Desde la crianza educar en la imperfección, por ejemplo, la transmisión del mensaje: “cometer errores forma parte de ser humanos”
- Educar en poner el foco en el: “¿qué puedo mejorar?” (en lugar de “qué van a pensar los demás de mí”)
- Trabajar la autoaceptación
- Trabajar en la autocompasión
- Tomar conciencia y trabajar en nuestros pensamientos perfeccionistas, rígidos, o pensamientos blanco y negro
- Promover pensamientos más flexibles, cuestionar cuán realistas son los pensamientos perfeccionistas
- Trabajar la aceptación y exposición a los errores como algo natural
- Tolerar la incertidumbre
- Reducir la autocrítica; el autocuidado y la autoaceptación son esenciales para reducir el perfeccionismo